LA CASA DE LA PALABRA
En Mali, en un pequeño En poblado perdido, se encuentra la casa de la palabra. Allí van los viejos de la tribu para negociar y llegar a acuerdos si aparece algún conflicto en la población.
La casa de la palabra está levantada con ocho columnas de adobe, no tiene paredes y sólo está cubierta con un techo de paja y ramas. Así no hay barreras, ni obstáculos, ni muros y las palabras pueden fluir, volar a su aire y danzar enlazándose las unas con las otras.
La altura de esta casa es de aproximadamente un metro veinte. Para poder entrar en ella es necesario agacharse y bajar la cabeza. Los habitantes del poblado nos explican que sirve para recordar a quien entra que debe ser humilde para comunicarse con los demás.
La casa de la palabra está vacía de muebles. Los que acceden a ella se sientan en el suelo unos delante de otros. De pie no pueden estar, porque su escasa altura lo impide. Así –cuentan los aldeanos- cuando alguno de los negociadores, llevado por la ira o por la pasión de la discusión, se levanta agitado para abalanzarse sobre el otro, se da un fuerte golpe en la cabeza. El dolor que siente le recuerda que hay que ser paciente y que dejarse llevar por el enfado sólo sirve para finalizar el diálogo.
En Mali, en un pequeño poblado perdido, se encuentra la casa de la palabra. La sabiduría y grandeza de su gente es tan enorme como pequeña es la casa y humilde el poblado.
(Texto extraído del libro “Juntos pero no revueltos” )
En Mali, en un pequeño En poblado perdido, se encuentra la casa de la palabra. Allí van los viejos de la tribu para negociar y llegar a acuerdos si aparece algún conflicto en la población.
La casa de la palabra está levantada con ocho columnas de adobe, no tiene paredes y sólo está cubierta con un techo de paja y ramas. Así no hay barreras, ni obstáculos, ni muros y las palabras pueden fluir, volar a su aire y danzar enlazándose las unas con las otras.
La altura de esta casa es de aproximadamente un metro veinte. Para poder entrar en ella es necesario agacharse y bajar la cabeza. Los habitantes del poblado nos explican que sirve para recordar a quien entra que debe ser humilde para comunicarse con los demás.
La casa de la palabra está vacía de muebles. Los que acceden a ella se sientan en el suelo unos delante de otros. De pie no pueden estar, porque su escasa altura lo impide. Así –cuentan los aldeanos- cuando alguno de los negociadores, llevado por la ira o por la pasión de la discusión, se levanta agitado para abalanzarse sobre el otro, se da un fuerte golpe en la cabeza. El dolor que siente le recuerda que hay que ser paciente y que dejarse llevar por el enfado sólo sirve para finalizar el diálogo.
En Mali, en un pequeño poblado perdido, se encuentra la casa de la palabra. La sabiduría y grandeza de su gente es tan enorme como pequeña es la casa y humilde el poblado.
(Texto extraído del libro “Juntos pero no revueltos” )
me gusta
ResponEliminaSi tanta sabiduria tinguessin no estarien en guerra. Podrien arreglar les coses amb paraules.
ResponEliminaEstimat company quan t'has aixecat no t'has fotut un cop al cap? em sembla que no has entes res...
EliminaA reu hauria de existir la casa de la palabra
ResponElimina